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“La batalla del volcán”.

Esta no es una crítica de cine, tampoco es un asunto político, ni partidario, es simplemente un texto sobre lo que experimenté hoy en una sala de cine de mi país.

“La batalla del volcán” es una película documental salvadoreña realizada por Julio López, que trata sobre la ofensiva final del FMLN, lanzada en noviembre de 1989, durante la guerra civil salvadoreña. Debido a un viaje que tengo en los próximos días, y a compromisos de trabajo previamente adquiridos, solo me quedaba disponible el horario de las 4:35 PM, del jueves 23 de mayo, en Cinemark Metrocentro, para ver la película, ya que estará en cartelera por pocos días, y no quería perdérmela. Fui solo al cine.

volcanssazul02.JPGTan solo iban unos 7 minutos de película cuando me empezaron a brotar las lágrimas, esto se mantendría de manera intermitente a lo largo de la película. ¿Por qué? Bueno, eso es lo que me hizo sentir la necesidad de escribir este post.

Yo experimenté en carne propia esa ofensiva, en Ciudad Delgado, en mi casa teníamos una tienda, al siguiente día del inicio de la ofensiva, la tienda prácticamente quedó vacía porque los vecinos compraron algunas provisiones, aunque mi madre guardó otras para nosotros; mi papá armó un resguardo ante las balas, colocando sobre una mesa unos colchones; vivimos la cadena nacional de radio, los cortes de luz, el toque de queda, escuchábamos las ráfagas en el pasaje, etc., cuando por fin pudimos salir al mercado, dos semanas después del inicio, le puse al vehículo un letrero de PRENSA, hecho de tirro y colocamos una bandera blanca en la antena. No vi muertos, ni heridos, casi no salimos de casa durante un mes.

Ver los testimonios de algunos de los combatientes, de ambos bandos, y ver escenas de combates reales, que nunca había visto, me hizo quebrarme, a 30 años de esos hechos, y me hizo comprender de manera profunda que no he cerrado emocionalmente ese ciclo. Después de los acuerdos de paz, simplemente me tocó seguir con mi vida, como a todos, pero no hubo ningún espacio para poder drenar el acumulado del daño emocional, seguramente, en menor escala que a otra personas, porque yo que ni tenía familiares combatiendo ni perdí familiares durante el conflicto. Me quebré a los 7 minutos y, de manera intermitente, por los siguientes 88 minutos; ahora me es un poquito más fácil imaginar el dolor de la personas que sí perdieron a sus familiares más cercanos y su necesidad de conocer la verdad y obtener justicia, para poder cerrar sus ciclos; o la gente que vivió 11 años con la guerra a sus pies, en los diferentes frentes, al interior del país.

“La batalla del volcán” es una pieza cinematográfica que seguramente no tocará de igual manera a todas las personas, pero considero que todo salvadoreño, haya vivido o no la guerra civil, la debería ver. Seguramente, habrá muchas personas que ni se imaginan lo que llevan reprimido, esta película es una buena oportunidad para averiguarlo. Después de verla, estoy muy agradecido con Julio López por permitirme lavar un poco esas “heridas”, que no sabía a ciencia cierta que seguían ahí.

 

 

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“Hacia el indefectible final”.

El Grupo Multidisciplinario Caleidoscopio, con sede en la Facultad de Estudios Superiores de la UNAM, Aragón, en el Edo. de México, propuso el título “Distopía, destino de la especie humana”, como tema,  para la versión del año 2018, de su exposición fotográfica internacional, en el marco del Encuentro Internacional de Fotografía “Caleidoscopio”, celebrado en septiembre de 2018.

Tuve el honor de participar en dicha exposición, con una propuesta, de una serie de 5 fotografías, que titulé “Hacia el indefectible final“, la cual quiero compartirles en esta plataforma.

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Inauguración de la exposición, en las instalaciones de la UNAM, México, septiembre de 2018.

Ficha técnica:

Fotografía analógica en carrete de 35 mm. Técnicas utilizadas: contraluces, reflejo, luces y sombras. Cámara utilizada: Leicaflex SL, modelo del año 1968, película Fomapán, ASA 400. Escaneado y positivado de negativos, para posterior impresión digital.

Racional de la serie:

La idealización de la especie humana debería ser un pecado. Los golpes de realidad que nos da la vida  y los que le damos a la vida deberían ser motivo suficiente para descartar el optimismo social. Somos seres amenazantes por naturaleza, estamos en constante aproximación al miedo que hacemos sentir y al que nos hacen sentir, somos nuestro propio enemigo, nos enfrentamos a nosotros mismos y a nuestro entorno, nuestro deporte extremo es el canibalismo, no somos capaces, como sociedad unificada, de aceptar nuestros actos y hacernos cargo de las consecuencias, tiramos la piedra y escondemos el alma y, con ello, escribimos indefectiblemente nuestra desolación, nuestra desesperanza, nuestra imperfección, nuestro tan lejano pero cercano final.

Las fotografías se exhiben en un orden conceptual, en el que sus títulos indican las etapas que llevan hacia ese “indefectible final”:

 “Aproximación”,  “Embate”,  “Combate”, “Intento de huida” y “Desolación”.

A continuación las fotografías que fueron presentadas en la exhibición:

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1. Aproximación

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2. Embate

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3. Combate

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4. Intento de huida

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5. Desolación

 

Como siempre: ¡buena luz!

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De viajar a Cuba y no tomar fotografías.

Estoy haciendo mucho drama al decir “no tomar fotografías”, pero fue casi la realidad de mi reciente viaje de 4 días a La Habana. Tenía que llegar a la inauguración de la muestra fotográfica internacional “Caleidoscopio 2017: La Calle, la piel desnuda de la sociedad“, a las 5:00 P. M. del 25 de mayo de 2018, en el Museo Casa de Simón Bolívar. Viajaba el mismo día 25, la salida del vuelo desde San Salvador se retrasó por motivos de “actualización del software de navegación”, según anunciaron por el altavoz, como si no fuera suficiente el mero hecho de volar, para sentir que uno se entrega a la muerte en cada vuelo. Llegué a La Habana con una hora de retraso, en aduanas me revisaron la maleta porque declaré que llevaba libros, lo que me causó un retraso adicional, pero logré llegar a tiempo al evento, aunque, justo a una cuadra de entrar al lugar, comenzó a llover fuerte, y eso sería solo el inicio.

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El maestro mexicano Adrián Fierro, en la inauguración de la muestra.

Antes de continuar, debo aclarar que este ha sido mi segundo viaje en el que solo llevo cámara análoga (de rollo), esta vez llevé mi Leicaflex SL y la Yashica Lynx 5000 E, la primera para rollos en blanco y negro y la segunda para rollos a color. Llevaba 4 rollos blanco y negro (Fomapan 400) y 2 rollos a color (Superia Xtra 400), suficientes para el corto tiempo de mi estadía.

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Mis compañeras de viaje.

Al día siguiente de mi llegada me reuní con mi gran amigo cubano Racso Morejón, periodista, poeta y fotógrafo, para ir a recorrer (patear, como diría él) La Habana Vieja profunda. Sorpresa: estaba lloviendo. Y continuó lloviendo todo el día, y todo el fin de semana, por supuesto, no nos paramos, pero en esas condiciones era casi un milagro hacer una que otra foto. Esperábamos los escasos momentos de poca lluvia para avanzar y hacer cuadros, el resto del tiempo era esperar bajo el techito de alguna casa o de algún almacén y solo quedaba imaginar las fotos. Mi mayor limitante fue, precisamente, la cámara de rollo, porque es más delicado que se moje y no llevé funda impermeable, lo admito: grave error. Pero, es que no es normal que haya temporal en Cuba en estos días, lluvias aisladas sí, pero no diluvio. Tuve que improvisar una funda impermeable, por supuesto, pero no fue suficiente. Aprendí algo: cuando llueve con sol, en Cuba dicen que “se casa la hija del Diablo”, en El Salvador decimos “está pariendo la venada” ( o su plural). ¡Cosa más grande la vida, chico!

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Funda impermeable, de última generación. (Foto: Racso Morejón)

La tormenta “Alberto”, según me entero ya de regreso en El Salvador, ha ocasionado graves daños en las zonas rurales de Cuba, y eso que aún no ha empezado la temporada de huracanes.

Hice pocas fotos, en color logré terminar 2 rollos entre fotos turista, de amistades y de teatro, en blanco y negro solo hice unas 20 fotos, ni siquiera me acabé un rollo, pero a este momento, las blanco y negro aún no están reveladas. Tuve la suerte de poder asistir a 2 obras de teatro y logré hacer algunas fotos, forzando la cámara, ya que solo andaba rollo de ASA 400, y, en fotografía de artes escénicas, eso equivale casi a andar ciego.

Por supuesto, lo mejor del viaje fue encontrarme con mi gente querida y compartir momentos inolvidables con ellos. Viajar a Cuba y no hacer fotografías no es tan malo cuando se tiene a la mano la amistad. Para hacer fotos ya habrá nuevas oportunidades, eso es lo de menos.

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Actualización, 31 de mayo de 2018: ya están reveladas las fotos en blanco y negro.

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Yashica 35 MF o el valor de la nostalgia.

En 1978 a mi padre le regalaron una cámara llamada Yashica 35 MF, la mayor parte de mis fotos familiares fueron tomadas con esa cámara. Por supuesto, ya con mi curiosidad por las cámaras, descubierta a mis 5 años al utilizar una cámara de rollo muy básica que mi padre tenía, fue lógico que yo le “robara” la cámara que le acababan de regalar. A pesar de que él la mantenía escondida, yo solía sacarla cuando él no estaba y, si estaba cargada con película, tomaba al menos una foto; si no estaba cargada, me pasaba un buen rato corriendo la manivela y apretando el botón disparador para ver cómo en el interior se abría y se cerraba “el ojo” de la cámara.

Desde ese año, la Yashica 35 MF fue mi cámara, hasta que me la hurtaron en el año 1998. Recuerdo que la última foto que había tomado era la de una mariposa que se paró sobre mi zapato, quedé inmóvil, y como casualmente andaba la cámara en la mano, no dudé en hacer la foto, nunca pude verla. No fue tan fácil asimilar la pérdida de la que fue mi cámara de la niñez, y no fue fácil contarle a mi padre que la cámara ya no estaba.

Hace como un año busqué el mismo modelo de cámara en Amazon y encontré una, pero el vendedor nunca la envió, por lo que me hicieron un reembolso. Este año volví a hacer la búsqueda y encontré otra, en Canadá, por medio de Ebay, por un precio realmente bajo, pero esta vez sí llegó. La sensación de tenerla en mis manos me ha remitido inmediatamente a mi infancia y puedo decir que el valor de mi nostalgia por esa cámara costó US$35.00.

La cámara viene en muy buen estado, los compartimientos de las baterías están muy limpios, el exposímetro está funcionando, el flash trabaja correctamente, a esta hora de la madrugada, lo único que me hace falta es salir a hacer fotos y ver los primeros resultados en un rollo de prueba.

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Yashica 35 MF, comprada en 2018, mediante Ebay, en Canadá.

Es increíble cómo ciertas cosas de nuestra niñez nos marcan, siempre que he tenido oportunidad le he contado a medio mundo sobre mi cámara de mi niñez, que me fue hurtada, bla, bla, bla. Ahora mismo tengo enfrente un modelo igual y no puedo evitar sentirme feliz y agradecer a mi padre por dejarme usar su cámara, sin su permiso.

A continuación les comparto 2 fotos tomadas con mi Yashica 35 MF de la infancia: una tomada por mí y una tomada por mi padre, ambas en 1978.

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Foto tomada por este servidor, con la Yashica 35 MF, en 1978.

 

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Foto tomada por mi padre, con la Yashica 35 MF, en 1978.

UPDATE: 12/05/2018; 12 m.

No me aguanté y fui temprano a hacer unos disparos al Centro de San Salvador, para saber si la cámara estaba funcionando, siento que me he sacado la lotería. Les comparto algunas fotos recién reveladas y positivadas.

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Plaza Morazán, San Salvador, 12/05/2018.

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Palacio Nacional de San Salvador, 12/05/2018.

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Portal frente al Parque Libertad, , San Salvador, 12/05/2018.

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Autorretrato, , San Salvador, 12/05/2018.

 

“Rollum”

Neologismo salvadoreño, acuñado por el fotógrafo Raúl Arce en el siglo XXI, probablemente entre los años 2017 y 2018. El término ha sido utilizado de manera lúdica por un pequeño grupo de fotógrafos contemporáneos, que en pleno siglo XXI retomaron el uso de la fotografía analógica o química, para referirse a algunas imperfecciones en las fotografías, producto de las limitaciones propias de las cámaras de rollo o carrete, como el enfoque manual y las bajas velocidades de obturación en situaciones de poca luz, dada la sensibilidad de la película, que se traducen en fotografías ligeramente desenfocadas o trepidadas; en algunos casos, el “rollum” también puede referirse a entradas de luz, conocidas como “leaks” (del inglés), o incluso imperfecciones durante el revelado o positivado de la película. La palabra “rollum” resulta de combinar la palabra “rollo”, que se refiere al carrete en las que se dispensa la película fotográfica y la palabra “punctum”, concepto acuñado por el escritor y filósofo francés Roland Barthes en su libro “La cámara lúcida”, con el que se refiere a situaciones imprevistas para el fotógrafo, que se dan al azar al momento del disparo.

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Fotografía tomada en el Centro Histórico de San Salvador.

Viajar solo con cámara análoga en pleno 2017.

diciembre 14, 2017 4 comentarios

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Hace un par de meses tuve la oportunidad de atender una invitación a un encuentro internacional de fotografía, en México, organizado por el Colectivo Caleidoscopio, que tiene se sede en la UNAM.

Desde meses antes del encuentro había tomado la decisión de viajar únicamente llevando mi cámara de rollo, la Yashica FX-2, año 76, y unos cuantos rollos de película en blanco y negro, ASA 400. Era la primera vez que iba a hacer eso.

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Debo decir que a medida que se acercaba la fecha de mi salida empecé a tener dudas y pensé algunas veces en llevar también la cámara digital, sin embargo, al final, mantuve la decisión inicial. Por supuesto que llevaba mi teléfono celular, pero esa cámara no cuenta.

El primer temor al que me enfrenté fue el de perder alguna toma interesante por las limitaciones de la cámara análoga, la posible falta de luz por tener una ASA de 400, con el agravante de que estaba nublado todo el día,  la velocidad de obturación máxima de 1/1000 s, el enfoque manual, por ejemplo, sin embargo, después de media hora de haber empezado a hacer fotos en pleno centro histórico, el temor desapareció y empezó la diversión.

La sensación de caminar haciendo fotos con la cámara análoga, en otro país y sin tener a la mano mi cámara digital, fue muy gratificante, me dejó mucho más tiempo para observar más cosas a simple vista y no a través del visor, todo con mayor detenimiento, operando a bajísimas revoluciones, a la espera de algo que valiera la pena para “gastar” una foto.  Al usar la cámara digital uno tiene la tendencia a fotografiar más, pero de manera menos selectiva. La sensación fue tan genial que ya he decidido que en futuros viajes solo llevaré conmigo una cámara de rollo.

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En 5 días tomé aproximadamente 80 fotos, fueron 3 rollos. Los negativos no sufrieron ningún problema con los rayos X de los aeropuertos, pude caminar más liviano y, sobre todo, me moría de ganas de revelar los rollos y ver las fotos.

Les comparto otras fotografías.

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Poeta y fotógrafo en Cartagena de Indias, Colombia.

Este es un post de 2012 que se quedó en borrador y nunca fue publicado. Lo publico 4 años y medio después.

El miedo a volar, debido a mi claustrofobia y no en sí a la altura ni a la posibilidad de que se estrelle el avión, lo he tenido desde que tengo recuerdos. Cuando confirmé mi participación al XVI Festival Internacional de Poesía de Cartagena de Indias, Colombia, en mayo de este año (2012), supe que tenía que enfrentarme al hecho de volar. Empecé a hacer preguntas a viajeros frecuentes, a un ex piloto conocido, a navegar en internet hasta que llegué a parar a un blog en el que un piloto retirado, residente en España, se dedica a ayudar a las personas a quitarse ese miedo. Lo contacté y muy amablemente me respondió todas mis inquietudes y con eso disminuyó casi en su totalidad mi temor al vuelo, de tal manera que, llegado el día de salir hacia Cartagena, todo fue bien. De hecho, le sentí tanto gusto a volar que no me aguanto por hacerlo de nuevo.

En pleno vuelo hacia Cartgena de Indias.

En pleno vuelo hacia Cartagena de Indias.

Mi misión en Cartagena era compartir mis textos en el Festival Internacional de Poesía y, por supuesto, aprovechar para hacer otra de mis pasiones: la fotografía. Al llegar a mi destino recordé nuestra Ciudad de San Miguel, por el calor que hace en Cartagena. A manera de broma puedo decir que hay que llevar un presupuesto especial para agua, porque hay que hidratarse continuamente y, además, porque el agua es cara, aproximadamente $1.40 por botella, la misma botella que en San Antonio Los Ranchos, Chalatenango, cuesta $0.40.

Cartagena es una ciudad que tiene a sus pies el mar. Desde al aire se percibe un contraste arquitectónico entre la modernidad y lo colonial y ya en tierra firme, el contraste es evidente. Desde la Ciudad Amurallada (Ciudad Vieja) pueden verse las edificaciones modernas de una Cartagena que no tuve la oportunidad de caminar.

La arquitectura es visible desde la Ciudad Amurallada.

La arquitectura moderna es visible desde la Ciudad Amurallada.

Internarse en la Ciudad Amurallada por primera vez es como ir por un laberinto, hay muchas edificaciones coloniales, muy coloridas, intervenidas con toques de modernidad por los negocios locales. Calles angostas y casas de dos niveles forman largos callejones que invitan a caminar y admirar los detalles de esta ciudad que alguna vez sirvió para esconder el oro proveniente de otras regiones conquistadas, según algunos residentes de Cartagena.

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La belleza natural está a la orden del día y basta volver la vista hacia el poniente para sentir la cercanía de un mar que, seguramente, escucha a diario las preguntas de muchos.

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Es imposible no correr por los callejones, al filo de las 6 de la tarde, para no perderse esos atardeceres tan intensos como los abrazos que propician la noche.

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Como en cualquier parte del mundo, siempre hay dos caras. La periferia de Cartagena parece como cualquier barrio el centro de San Salvador, con todas sus estampas.

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Lo que me trajo a esta ciudad fue “la palabra”. Sobre mi participación en el XVI Festival Internacional de Poesía de Cartagena de Indias, puedo decir que fue un Festival bastante íntimo y muy rico en poesía y en poetas. La hospitalidad de los Cartageneros es de primera, siempre hubo alguien dispuesto a ayudar, a orientar y a contar las historias de su ciudad.

UPDATE MAYO 2017: El miedo a volar se convirtió en pasión por volar.

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