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Archive for 21 mayo 2013

Dos formas antagónicas de abordar un personaje en una historia.

Recientemente asistí a un taller de fotoperiodismo impartido por el ganador del premio Pullitzer 2013, Rodrigo Abd, en el marco de “El Foro Centroamericano de Periodismo”, impulsado por “El Faro”.

Rodrigo Abd, ganador del premio Pullitzer 2013, durante el taller que impartió en El Foro Centroamericano de Periodismo.

Rodrigo Abd, ganador del premio Pullitzer 2013, durante el taller que impartió en El Foro Centroamericano de Periodismo.

Durante la última jornada del taller, uno de los participantes, Rodrigo Dada, presentó una historia en la que expresa su paranoia y la falta de libertad que ha experimentado al desplazarse por las calles de El Salvador, después de residir durante 5 años en Europa. En sus fotografías, Rodrigo muestra imágenes de diversas partes del mundo, las cuales ha recorrido a través de Google Street, la peculiaridad de las imágenes que él ha fotografiado en su computadora es que  presentan errores en el ensamblado realizado para lograr el efecto de navegación esférica a 360 º. Dentro de su historia, Rodrigo no incluyó imágenes de El Salvador, lo cual generó una polémica en el taller, principalmente por parte de algunos fotoperiodistas presentes que insistían en la necesidad de incluir fotos de El Salvador para que la historia estuviera debidamente contada.

El cuestionamiento sobre el trabajo de Rodrigo Dada era sobre por qué no incluir imágenes de El Salvador, si su paranoia y sensación de encierro es, precisamente, en El Salvador. Rodrigó manifestó que su propuesta no contemplaba incluir imágenes de El Salvador, y, desde mi punto de vista es una forma válida de abordar el tema.

Para contar una historia hay dos formas antagónicas de hacerlo: incluir explícitamente al personaje de la historia o mantenrlo oculto. El éxito, en cualquiera de los 2 casos, estará en si se hace adecuadamente el trabajo narrativo. En el caso de Rodrigo Dada, su personaje es esa paranoia y sensación de encierro que él experimenta por la situación delincuencial y violenta de nuestro país, y su decisión fue la de ocultar el personaje, es decir, mantenerlo “a la vista” de manera implícita.

Yo planteaba, en la discusión del taller, que, por ejemplo, cuando el poeta desea escribir un poema sobre la Luna, se plantea la siguiente pregunta: ¿incluyo la palabra Luna en el poema o la excluyo? En cualquiera de los dos casos se corre el riesgo de no contar bien la historia, en la primera, por exceso de información, y, en la segunda, por falta de información. Inmediatamente se me vinieron a la mente dos grandes poemas acerca de la Luna, abordados de esta manera antagónica. El primero, el “Romance de la Luna, Luna”, de Federico García Lorca, y, el segundo, un fragmento del “Canto de Guerra de las Cosas”, de Joaquín Pasos.

En el “Romance de la Luna, Luna”, el poeta menciona a la Luna deliberadamente, y la belleza del poema radica en el ritmo y dulzura del canto que acompaña a las imágenes del poema :

Fragmento:

 La luna vino a la fragua 
con su polisón de nardos. 
El niño la mira mira. 
El niño la está mirando. 

En el aire conmovido 
mueve la luna sus brazos 
y enseña, lúbrica y pura, 
sus senos de duro estaño. 

Huye luna, luna, luna. 
Si vinieran los gitanos, 
harían con tu corazón 
collares y anillos blancos. 

Por otro lado, en el “Canto de Guerra de las Cosas”, el poeta no menciona a la Luna, sin embargo al detenerse en la lectura se llega a la conclusión de que nos está hablando de la Luna , sin mencionarla, y en este caso la riqueza es precisamente esa, la manera en que el poeta nos esconde la Luna para que el lector la descubra.

Fragmento:

No había que buscarla en las cartas del naipe ni en los juegos 
de la cábala. 
En todas las cartas estaba, hasta en las de amor y en las 
de navegar. 
Todas los signos llevaban su signo. 
Izaba su bandera sin color, fantasmas de bandera para ser 
pintada con colores de sangre de fantasma, 
bandera que cuando flotaba al viento parecía que flotaba el 
viento. 
Iba y venía, iba en el venir, venía en el yendo, como que si 
fuera viniendo. 
Subía, y luego bajaba hasta en medio de la multitud y 
besaba a cada hombre. 
Acariciaba cada cosa con sus dedos suaves de sobadora 
de marfil. 
Cuando pasaba un tranvía, ella pasaba en el tranvía; 
cuando pasaba una locomotora, ella iba sentada en la trompa. 
Pasaba ante el vidrio de todas las vitrinas, 
Sobre el río de todos los puentes, 
por el cielo de todas las ventanas. 
Era la misma vida que flota ciega en las calles como una 
niebla borracha. 
Estaba de pie junto a todas las paredes como un ejército de 
mendigos, 
era un diluvio en el aire. 
Era tenaz, y también dulce, como el tiempo.

Debo decir que supe de la Luna contenida en estos versos de Joaquín Pasos a través de mi amigo músico y poeta Santiago Vásquez, quien comentó en una ocasión “es obvio que en el poema de Joaquín Pasos se habla de la Luna”. Gran lección aprendida.

En fin, todo esto nos lleva a algo que quizá ya sabíamos: en cuestión de expresiones artísticas todo depende de la apreciación, no hay reglas, no hay fórmulas. Siempre y cuando se logre narrar adecuadamente, ¿qué más da si presentamos abiertamente o no al personaje de nuestra historia?

Les comparto una de mis fotos de la Luna.

La Luna ilumina, desde el poniente, al Monumento a la Constitución, en San Salvador.

La Luna ilumina, desde el poniente, al Monumento a la Constitución, en San Salvador.

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UPDATE 2: Sobre el libro “Hablemos y escribamos bien el idioma español (Tomo I)”.

Como les había comentado en el “update” anterior (ver post), sobre la publicación original titulada “Sobre el libro ‘Hablemos y escribamos bien el idioma español (Tomo I)”, (ver post original), el día 8 de mayo de 2013 apareció publicada la columna que escribe el Lic. Carlos Alberto Saz, en El Diario de Hoy. En el artículo titulado Fe de errata en el libro ‘Hablemos y escribamos bien el idioma español (Tomo I)”, el Lic. Saz manifiesta que “errando se corrige el error” y pide disculpas por las 36 faltas en la edición de su libro, que resultan ser las 36 dudas que yo planteaba en el primer post sobre dicho libro. El Lic. Saz hace referencia a mi persona en su artículo, por lo cual le estoy muy agradecido y de nueva cuenta me da sus agradecimientos, lo cuales recibo de la mejor manera.

Les comparto una imagen de la columna en mención.

Columna aparecida en El Diario de Hoy, del 8 de mayo de 2013.

Columna aparecida en El Diario de Hoy, del 8 de mayo de 2013.

UPDATE: Sobre el libro “Hablemos y escribamos bien el idioma español (Tomo I)”.

Esta mañana tuve la oportunidad de conocer al Lic. Carlos Alberto Saz, uno de los 16 miembros de la Academia Salvadoreña de la Lengua y columnista de El Diario de Hoy. Hace algunos días publiqué en este blog un listado de dudas que me quedaron después de leer su libro “Hablemos y escribamos bien el idioma español” ( Ver post anterior ) y, además, le envié al Lic., por correo electrónico, el texto de dicha publicación. El Lic. Saz se ha mostrado muy agradecido conmigo por el listado y me invitó a su oficina para conocernos. Como muestra de su agradecimiento me ha obsequiado su libro con una dedicatoria y le ha obsequiado otro libro a mi señor padre. Estoy muy agradecido con el Lic. Saz por su amabilidad y, aunque ya se lo expresé personalmente, le reitero mis respetos y mi admiración a su incansable labor de promover la correcta escritura del idioma español.

El Lic. me ha informado que publicará la próxima semana, en su columna de los días martes, en el Diario de Hoy, el listado de mis dudas.

Les comparto un par de fotos.

Lic. Carlos Alberto Saz,  uno de los 16 miembros de la Academia Salvadoreña de la Lengua y columnista de El Diario de Hoy.

Lic. Carlos Alberto Saz, uno de los 16 miembros de la Academia Salvadoreña de la Lengua y columnista de El Diario de Hoy.

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