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Juana Pavón: la historia detrás del retrato.

noviembre 10, 2019 Deja un comentario

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Antes que nada, deseo aclarar que esto no se trata de un reclamo económico ni de derechos de autor, simplemente se trata de la historia detrás de este retrato.

La reconocida poeta hondureña Juana Pavón, mejor conocida como “Juana la loca” murió el 28 de marzo de este año. El retrato de arriba se lo hice el 31 de marzo de 2017, casi exactamente dos años antes de su muerte. Para los curiosos de lo técnico, los parámetros de la foto son: ISO 3200, f 2.8, v 1/40 s, con un lente 50 mm y la Canon 5D-Mark II.

Esta semana, del 5 al 9 de noviembre de 2019, visité nuevamente Tegucigalpa, Honduras, contratado para darle cobertura fotográfica a las funciones de la obra “TOC TOC”, producida por el Teatro Luis Poma, en el marco de la Muestra Centroamericana de Teatro, en la Casa del Teatro Memorias. En uno de mis tiempos libres, unos buenos amigos teatreros me invitaron al bello pueblo “Valle de Ángeles” (por cierto ahí me tomaron esta foto). En una amena charla, café en mano, salió a la plática el tema de “Juana la loca”, y surgieron las anécdotas que siempre ratifican por qué le decían así. Mi amigo hondureño Edgar Valeriano, hombre de teatro, me dijo que aquella foto que yo le había tomado a “Juana”, 2 años atrás, había sido difundida ampliamente por los principales medios de prensa, de Honduras, cuando reportaron la muerte de la poeta. Yo supe de la muerte de la poeta, el mismo día, y 3 días después publique en mi perfil de Facebook el retrato de arriba. La primera vez que había publicado el retrato fue en abril de 2017, siempre en Facebook, tan solo unos días después de haberlo realizado.

Lo que nunca llegué a saber, hasta ayer, es el alcance que había tenido la difusión del retrato, por parte de los medios hondureños. Hoy, ya de regreso en El Salvador, busqué en “Google” la noticia, únicamente revisé las primeras 4 páginas de resultados y, para mi sorpresa, obtuve enlaces de 15 medios de prensa, que, efectivamente, usaron la fotografía. Para los más curiosos, acá comparto los enlaces:

https://www.elheraldo.hn/entretenimiento/1271064-466/fallece-la-poeta-hondure%C3%B1a-juana-pav%C3%B3n-desp%C3%BAes-de-luchar-contra-el-c%C3%A1ncer

https://lapoesiaalcanza.com.ar/noticias/5807-despedida-en-honduras-a-la-poeta-juana-pavon-juana-la-loca

https://televisur.com/muere-la-poeta-juana-la-loca-a-los-74-anos-de-edad/

http://www.abriendobrecha.tv/trasciende-el-fallecimiento-de-la-escritora-y-poeta-juana-pavon-en-tegucigalpa/

https://canal6.com.hn/fallece-la-escritora-y-poetisa-hondurena-juana-pavon-conocida-como-juana-la-loca-en-tegucigalpa.html

https://tiempo.hn/muere-la-reconocida-poetisa-juana-la-loca/

https://hondudiario.com/2019/03/28/muere-juana-la-loca-poeta-nacional/

https://proceso.hn/salud/5-salud-y-sociedad/fallece-la-conocida-poetisa-hondurena-juana-la-loca.html

http://www.elpais.hn/2019/03/28/fallece-poeta-hondurena-conocida-como-juana-la-loca/

http://www.gotv.hn/rev_muere_juana_pavon_la-poeta_hondurena_que_no_pudo_vencer_el_cancer/

http://www.radiolaprimerisima.com/noticias/resumen/260901/fallece-destacada-poeta-hondurena/

http://www.palabradelmundo.cult.cu/2019/03/28/fallece-la-poeta-hondurena-juana-pavon-juana-la-loca/

https://www.hondurastips.hn/2019/03/29/juana-la-loca-la-poeta-feminista-que-siempre-sera-recordada-en-honduras/

https://iconosmag.com/categoria-sociedad/juana-pavon-poetisa-hondurena/

https://www.pressreader.com/honduras/diario-la-prensa/20190329/283450667759246

La historia detrás del retrato:

En 2017, el Grupo Teatral Bambú me invitó a darle cobertura fotográfica al Festival Internacional de las Artes Escénicas Bambú. En una de las coberturas, en las oficinas del Centro Cultural Bambú, me presentaron a “Juana” (antes ya me habían hablado mucho de ella), fue muy amable conmigo, cruzamos algunas palabras e inmediatamente le pregunté si podía hacerle un retrato. Ella estaba sentada en un sillón, fumando un cigarrillo, y me pareció que el fondo que tenía en ese momento era el indicado, por el multicolorido de sus pensamientos impredecibles, y decidí no moverla. Primero, hice un cuadro horizontal, cortando casi en sus rodillas, se miraba el sillón, su mano derecha, desenfocada, sosteniendo el cigarrillo y su otra mano sobre su pecho. Luego hice un encuadre vertical con, prácticamente, la misma pose que ella naturalmente había hecho. Mientras yo medía la luz y decidía los encuadres, le sacaba plática y ella me respondía. Me habían presentado ante ella como salvadoreño y me preguntó por Beatriz Alcaine, una amiga artista y gestora cultural salvadoreña (quien fue propietaria de La Luna Casa & Arte), a quien “Juana”, según me dijo en esa plática, le guardaba muchísimo cariño. En uno de esos momentos, me dijo que le mandaba un beso a Beatriz y muchos saludos, y tiró el beso a la cámara, que es la acción que quedó registrada en el retrato que decidí seleccionar para publicar. Por supuesto, le expresé a Beatriz el encargo de “Juana”.

Cuando se está frente a un personaje de tal magnitud no hay que dudar y hay que proceder a la brevedad a realizar la fotografía, quién quita que sea el último retrato que le hagan a esa persona. No sé si el mío fue el último retrato que le hicieron a “Juana la loca” o si, eventualmente, se volverá icónico, eso no es relevante. Lo que me resulta satisfactorio es que tuve la suerte de conocer, de primera mano, la historia detrás de ese gesto.

 

 

 

 

¿Para qué comprar un libro de poesía?

diciembre 29, 2016 2 comentarios
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Primera página de mi poemario “Deformación de la noche”, publicado en el libro “Juegos Florales El Salvador 2015”, en diciembre de 2016.

Todos tenemos buenas rachas y malas rachas. A mediados de 2013 estaba pasando por una mala racha económica, de esas que son típicas en los “freelancers”, y tuve que echar mano de todas mis posibilidades. A principios de ese año, la Dirección de Publicaciones e Impresos de El Salvador (DPI) me había publicado mi primer libro de poesía, en solitario, titulado “La grieta”, y, como medida de emergencia, comencé, por mi propia cuenta, una labor de venta del libro a través de las redes sociales, aprovechando un lote que me había entregado la editorial como parte de las regalías. No tenía muchos ejemplares, pero algo era algo.

Las ventas no fueron mal, rápidamente, algunos de mis contactos en Facebook me pidieron reservarles un ejemplar y logré colocar unos 20 ejemplares. En la primera semana pude entregar, a domicilio, 8 libros, y en las siguientes semanas fui entregando el resto, a medida me los iban encargando.

Al final de la semana ya contaba con $80.00, producto de las ventas, tenía que dosificar ese monto pues era lo único en ese momento. Por la tarde del viernes me dirigía en mi vehículo sobre el Bulevar del Ejército, a la altura de MOLSA, cuando un vehículo hizo un giro repentino hacia mi carril y, aunque intenté esquivarlo, lo golpeé en el “bumper” y nos detuvimos para revisar. El conductor me dijo que tenía que reconocerle el golpe, mi carro no tenía nada, me pidió $100.00 y en ningún momento se me ocurrió decirle que él había tenido la culpa, me dejé llevar por aquel dicho de “el que pega paga”. Le abrí la billetera y le dije: sólo tengo ochenta dólares; me dijo que estaba bien, entonces, mientras le entregaba el dinero, y me rodaba una lágrima en la mejilla, le dije: no sabe cómo me ha costado conseguir estos ochenta dólares. Me miró a los ojos, por un momento pensé que no iba a tomar el dinero, pero, obviamente, sí lo tomó.

Cuando retomé la marcha me puse a analizar el golpe y caí en la cuenta de que él había invadido mi carril y empecé a llorar de rabia por no haber visto eso en el momento y quizá haber evitado pagarle, pero era muy tarde.

Este post no es acerca de la poesía que uno escribe, es acerca de la poesía que uno vive en las calles, en el día a día, y de la que, a veces, somos los únicos testigos, sin dejar registro.

La próxima vez que a usted, amigo lector, un poeta le ofrezca venderle su libro de poesía, piénselo dos veces, quizá con eso le esté comprando las comidas del día o quizá le esté ayudando a pagar los golpes que da la vida. La poesía, qué más da.

 

¿Psicosis salvadoreña?

Hace una semana, a esta hora, aún estaba en el aeropuerto “Jorge Chávez”, de Lima, Perú, esperando abordar mi vuelo hacia El Salvador ( Por cierto, en este aeropuerto es imperdible probar las rodajas de pastel de zanahoria, son una delicia). Durante toda la semana había estado en Argentina, 5 días en Termas de Río Hondo, Santiago del Estero, participando como poeta invitado, en un Festival Internacional de Poesía, y otros 3 días en Buenos Aires, aprovechando el viaje.

El caso de lo que he dado en llamar “la psicosis salvadoreña” me pasó en Buenos Aires. Había decidido ir a una función al mismísimo “Teatro Colón“, a las 8 de la noche, estaba hospedado a unas 7 cuadras, y pude caminar tranquilamente hacia el teatro a eso de las 7:30 PM. Por supuesto, antes de entrar, hice las fotos de rigor, tipo turista.

Fachada del Teatro Colón.

Fachada del Teatro Colón.

Ya adentro del teatro, justo antes de entrar a las butacas, una de las acomodadoras me pidió que dejara mi mochila en los casilleros, dijo que me iban a dar un número para reclamar la mochila a la salida, y entré en pánico. En la mochila andaba todo mi equipo fotográfico, y no estaba dispuesto a dejarla en un casillero. Es aquí donde entra en juego la “psicosis salvadoreña”: en El Salvador sería totalmente improbable dejar en un casillero de un almacén, el súper, o donde fuera, mi mochila cargada con equipo fotográfico, por las razones que todos los salvadoreños conocemos. ¿Qué hice?

Cielo del Teatro Colón.

Cielo del Teatro Colón.

Hice el intento de convencer a la acomodadora, pero insistió que no era posible. Me decía que, por ejemplo, habían llegado grandes músicos que habían dejado sus caros y amados violines en el casillero, y que si entendía yo qué significaba para un músico dejar su instrumento (¡por supuesto que lo entiendo!) Luego pasé a explicar mi situación: soy un salvadoreño que no pudo dejar su psicosis por la delincuencia en El Salvador, y que al dejar la mochila en el casillero, aunque yo sabía que iba a estar segura, no iba a disfrutar tranquilamente del espectáculo por estar pensando en la mochila, pero me insistió en que no era posible, por lo que le dije que, en ese caso, prefería abandonar el teatro. En ese momento apareció una señora que parecía ser la jefa de las acomodadoras, me explicó lo mismo, y le expliqué lo mismo.

Detalle de escultura al interior del Teatro.

Detalle de escultura al interior del Teatro.

Para mi suerte, creo que el hecho de estar dispuesto a abandonar el teatro hizo que la jefa se compadeciera de mí, y me dijo que iba a hacer una excepción, y me dejó quedarme con la mochila, pero, me advirtió que no podía hacer fotos del espectáculo, sólo podía hacer fotos del teatro, mientras la función no iniciara, y yo fui muy obediente, y se lo agradecí infinitamente.

Vista desde el último nivel, y última fila, del interior del Teatro Colón.

Vista desde el último nivel, y última fila, del interior del Teatro Colón.

Es triste, pero, es nuestra realidad, y es difícil no cargar con ella adonde quiera que vayamos.

¡Buena luz!

¿Es importante autodenominarse poeta?

De manera personal, honestamente, creo que no es importante. Pero, también puedo decir que no le veo mayor problema al hacerlo en ciertas circunstancias.

Brodsky hablaba de la falsa modestia de los poetas americanos, les decía que si no se consideraban poetas para qué perdían el tiempo escribiendo poemas. (Frank Invita, No. 21, Granada 9).

He escuchado muchas veces decir a escritores que ellos no se consideran poetas, pero, lo repiten tanto que da la impresión de que lo que hacen es esperar que alguien les diga lo contrario, a manera de sentirse aprobados. En estos casos, la crítica de Brodsky se aplica de manera genuina. Considero que es más creíble la humildad, a este respecto, de alguien que en ningún momento se autodenomina poeta, que de aquel que toda la vida se pasa negando serlo. Creo que no se puede, ni se debe, negar lo que uno es, a pesar del derecho que se tiene de hacerlo.

Sin embargo, Brodsky también decía que “si un poeta tiene una obligación respecto a la sociedad, es la de escribir bien. Al formar parte de la minoría, no tiene otra opción”. Con esto se cierra el círculo, es decir, si alguien no cree que es poeta, entonces para qué escribir poemas, pero si se escriben poemas, entonces, ¿por qué no hacerlo bien? A la larga, lo más importante sigue siendo la obra poética, no quien la escribe.

Lo anterior me lleva a pensar en el respeto que se le debe tener a la obra artística en general. Ese respeto que el propio autor debe tenerle a su obra, pasando por tratar de hacerla lo mejor posible, así como por respetar la obra de otros creadores. ¿Cómo es posible que un creador exija respeto del público hacia su obra, si el mismo autor no la respeta, ni tampoco respeta la obra de los demás? Ser poeta y creerse poeta (esto quizá puede extrapolarse a cualquier rama del arte) son cosas muy diferentes, pero cuando se cumplen algunas cuestiones mínimas de sentido común, como por ejemplo, en este caso, escribir bien  y respetar el trabajo propio y el ajeno, ¿qué importa si alguien se autodenomina poeta o no?

Lo que no se vale es esconderse tras esa falsa humildad, de la que habla Brodsky, para escribir mal y, por lo tanto, faltarle el respeto a la obra. Esto me lleva a decir que es razonable considerar que la valoración de una obra artística es relativa, una misma obra puede llegar a ser considerada buena o mala  a la vez, al final, el público tiene la última palabra. El tiempo se encargará de posicionar a la obra y al autor en el verdadero lugar que le corresponde en la historia.

En mi caso personal me he acostumbrado a decir que escribo poesía, como una de mis ocupaciones, pero no niego a diestra y siniestra que soy poeta y cuando me toca decir que lo soy, lo hago sin ninguna vacilación.  Esto puede sonar pretencioso de mi parte, pero, en el fondo, se trata de creer en algo que se hace de manera sistemática y como parte de un proyecto de vida. Si me dan a escoger, prefiero decir que soy poeta, tratando de dar lo mejor de mí al escribir y teniéndole respeto a mi obra y a la de los demás, que gritar una falsa modestia en busca de la aprobación pública.  Como sigue diciendo Brodsky en su crítica a los poetas americanos: “Cualquier médico o cualquier zapatero toma su oficio más en serio que ustedes”.(Frank Invita, No. 21, Granada 9)

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