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“Hacia el indefectible final”.

El Grupo Multidisciplinario Caleidoscopio, con sede en la Facultad de Estudios Superiores de la UNAM, Aragón, en el Edo. de México, propuso el título “Distopía, destino de la especie humana”, como tema,  para la versión del año 2018, de su exposición fotográfica internacional, en el marco del Encuentro Internacional de Fotografía “Caleidoscopio”, celebrado en septiembre de 2018.

Tuve el honor de participar en dicha exposición, con una propuesta, de una serie de 5 fotografías, que titulé “Hacia el indefectible final“, la cual quiero compartirles en esta plataforma.

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Inauguración de la exposición, en las instalaciones de la UNAM, México, septiembre de 2018.

Ficha técnica:

Fotografía analógica en carrete de 35 mm. Técnicas utilizadas: contraluces, reflejo, luces y sombras. Cámara utilizada: Leicaflex SL, modelo del año 1968, película Fomapán, ASA 400. Escaneado y positivado de negativos, para posterior impresión digital.

Racional de la serie:

La idealización de la especie humana debería ser un pecado. Los golpes de realidad que nos da la vida  y los que le damos a la vida deberían ser motivo suficiente para descartar el optimismo social. Somos seres amenazantes por naturaleza, estamos en constante aproximación al miedo que hacemos sentir y al que nos hacen sentir, somos nuestro propio enemigo, nos enfrentamos a nosotros mismos y a nuestro entorno, nuestro deporte extremo es el canibalismo, no somos capaces, como sociedad unificada, de aceptar nuestros actos y hacernos cargo de las consecuencias, tiramos la piedra y escondemos el alma y, con ello, escribimos indefectiblemente nuestra desolación, nuestra desesperanza, nuestra imperfección, nuestro tan lejano pero cercano final.

Las fotografías se exhiben en un orden conceptual, en el que sus títulos indican las etapas que llevan hacia ese “indefectible final”:

 “Aproximación”,  “Embate”,  “Combate”, “Intento de huida” y “Desolación”.

A continuación las fotografías que fueron presentadas en la exhibición:

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1. Aproximación

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2. Embate

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3. Combate

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4. Intento de huida

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5. Desolación

 

Como siempre: ¡buena luz!

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Viajar solo con cámara análoga en pleno 2017.

diciembre 14, 2017 4 comentarios

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Hace un par de meses tuve la oportunidad de atender una invitación a un encuentro internacional de fotografía, en México, organizado por el Colectivo Caleidoscopio, que tiene se sede en la UNAM.

Desde meses antes del encuentro había tomado la decisión de viajar únicamente llevando mi cámara de rollo, la Yashica FX-2, año 76, y unos cuantos rollos de película en blanco y negro, ASA 400. Era la primera vez que iba a hacer eso.

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Debo decir que a medida que se acercaba la fecha de mi salida empecé a tener dudas y pensé algunas veces en llevar también la cámara digital, sin embargo, al final, mantuve la decisión inicial. Por supuesto que llevaba mi teléfono celular, pero esa cámara no cuenta.

El primer temor al que me enfrenté fue el de perder alguna toma interesante por las limitaciones de la cámara análoga, la posible falta de luz por tener una ASA de 400, con el agravante de que estaba nublado todo el día,  la velocidad de obturación máxima de 1/1000 s, el enfoque manual, por ejemplo, sin embargo, después de media hora de haber empezado a hacer fotos en pleno centro histórico, el temor desapareció y empezó la diversión.

La sensación de caminar haciendo fotos con la cámara análoga, en otro país y sin tener a la mano mi cámara digital, fue muy gratificante, me dejó mucho más tiempo para observar más cosas a simple vista y no a través del visor, todo con mayor detenimiento, operando a bajísimas revoluciones, a la espera de algo que valiera la pena para “gastar” una foto.  Al usar la cámara digital uno tiene la tendencia a fotografiar más, pero de manera menos selectiva. La sensación fue tan genial que ya he decidido que en futuros viajes solo llevaré conmigo una cámara de rollo.

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En 5 días tomé aproximadamente 80 fotos, fueron 3 rollos. Los negativos no sufrieron ningún problema con los rayos X de los aeropuertos, pude caminar más liviano y, sobre todo, me moría de ganas de revelar los rollos y ver las fotos.

Les comparto otras fotografías.

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Proceso creativo para hacer una fotografía.

Recientemente he empezado a hacer unos videos cortos en los que describo, en tiempo real, mi proceso creativo para hacer una fotografía,  desde que surge la idea, pasando por las diferentes posibilidades creativas que se ensayan, hasta llegar a la fotografía finalmente seleccionada para su posible publicación.

Les estaré compartiendo por este medio los videos que voy subiendo, y si les interesa la temática, pueden suscribirse a mi canal de youtube.

Este es el primer video que he subido.

¿Psicosis salvadoreña?

Hace una semana, a esta hora, aún estaba en el aeropuerto “Jorge Chávez”, de Lima, Perú, esperando abordar mi vuelo hacia El Salvador ( Por cierto, en este aeropuerto es imperdible probar las rodajas de pastel de zanahoria, son una delicia). Durante toda la semana había estado en Argentina, 5 días en Termas de Río Hondo, Santiago del Estero, participando como poeta invitado, en un Festival Internacional de Poesía, y otros 3 días en Buenos Aires, aprovechando el viaje.

El caso de lo que he dado en llamar “la psicosis salvadoreña” me pasó en Buenos Aires. Había decidido ir a una función al mismísimo “Teatro Colón“, a las 8 de la noche, estaba hospedado a unas 7 cuadras, y pude caminar tranquilamente hacia el teatro a eso de las 7:30 PM. Por supuesto, antes de entrar, hice las fotos de rigor, tipo turista.

Fachada del Teatro Colón.

Fachada del Teatro Colón.

Ya adentro del teatro, justo antes de entrar a las butacas, una de las acomodadoras me pidió que dejara mi mochila en los casilleros, dijo que me iban a dar un número para reclamar la mochila a la salida, y entré en pánico. En la mochila andaba todo mi equipo fotográfico, y no estaba dispuesto a dejarla en un casillero. Es aquí donde entra en juego la “psicosis salvadoreña”: en El Salvador sería totalmente improbable dejar en un casillero de un almacén, el súper, o donde fuera, mi mochila cargada con equipo fotográfico, por las razones que todos los salvadoreños conocemos. ¿Qué hice?

Cielo del Teatro Colón.

Cielo del Teatro Colón.

Hice el intento de convencer a la acomodadora, pero insistió que no era posible. Me decía que, por ejemplo, habían llegado grandes músicos que habían dejado sus caros y amados violines en el casillero, y que si entendía yo qué significaba para un músico dejar su instrumento (¡por supuesto que lo entiendo!) Luego pasé a explicar mi situación: soy un salvadoreño que no pudo dejar su psicosis por la delincuencia en El Salvador, y que al dejar la mochila en el casillero, aunque yo sabía que iba a estar segura, no iba a disfrutar tranquilamente del espectáculo por estar pensando en la mochila, pero me insistió en que no era posible, por lo que le dije que, en ese caso, prefería abandonar el teatro. En ese momento apareció una señora que parecía ser la jefa de las acomodadoras, me explicó lo mismo, y le expliqué lo mismo.

Detalle de escultura al interior del Teatro.

Detalle de escultura al interior del Teatro.

Para mi suerte, creo que el hecho de estar dispuesto a abandonar el teatro hizo que la jefa se compadeciera de mí, y me dijo que iba a hacer una excepción, y me dejó quedarme con la mochila, pero, me advirtió que no podía hacer fotos del espectáculo, sólo podía hacer fotos del teatro, mientras la función no iniciara, y yo fui muy obediente, y se lo agradecí infinitamente.

Vista desde el último nivel, y última fila, del interior del Teatro Colón.

Vista desde el último nivel, y última fila, del interior del Teatro Colón.

Es triste, pero, es nuestra realidad, y es difícil no cargar con ella adonde quiera que vayamos.

¡Buena luz!

La descortesía, en fotografía.

junio 10, 2014 2 comentarios

Me pasó al abordar mi vuelo Santa Cruz, Bolivia – Lima, Perú, en ruta hacia San Salvador.

Hace dos semanas tuve la oportunidad de visitar la ciudad boliviana de Santa Cruz de la Sierra, llamada “La Ciudad de los Anillos” debido a que, urbanísticamente, la ciudad está construida en forma de anillos concéntricos. Lo que me llevó allá fue la poesía, fui invitado a participar, como representante de mi país, en el Primer Festival Internacional de Poesía de la Feria Internacional del libro, en Santa Cruz. Al evento asistimos alrededor de 30 poetas, entre bolivianos y de otros países latinoamericanos, como México, Brasil, Colombia, Argentina, y Nicaragua, cuyo representante fue nada menos que el poeta, el gran poeta, Ernesto Cardenal. Al poeta tuve la oportunidad de hacerle varias fotografías durante la inauguración del Festival, pero les comparto la siguiente:

Poeta Ernesto Cardenal.

Poeta Ernesto Cardenal, durante la inauguración del Festival de Poesía, en Santa Cruz.

 

Mi estancia en Santa Cruz es material para otro post.

Regresando al tema del vuelo Santa Cruz-Lima, hice un pre chequeo del vuelo, en Internet, y, como todo buen fotógrafo, previendo la posibilidad de encontrar buen tiempo, seleccioné un asiento de ventana, un poco atrás de un ala, el asiento 17 A.

Al momento de abordar el avión encontré que mi asiento estaba ocupado por una señora adulta mayor, y a la par estaba un señor, también adulto mayor, quienes no hablaban español, y hablaban poco inglés. Les mostré que mi boleto decía “17 A”, pero al parecer no comprendían mi limitado inglés, entonces tuvo que intervenir una aeromoza a quien expliqué la situación. Ella, muy amablemente, me preguntó si yo no tenía inconveniente para sentarme en la penúltima fila, en asiento de pasillo, para que los señores, que viajaban juntos, pudieran ir sentados a la par durante el vuelo. Mi primera intención fue decir que no había problema, pero entonces se me presentó el dilema: le cedo el asiento a la señora y me pierdo la posibilidad de hacer fotografías de la cordillera de los Andes, o soy descortés y hago valer la reserva de mi asiento en pro de la fotografía.

Me pareció una eternidad ese instante, hasta que le dije a la aeromoza: “en la parte trasera de los aviones las vibraciones son mayores, y eso me puede provocar vómito”, ella sabía que lo de las vibraciones es cierto, yo lo había leído en algún lado, y me dijo que lo entendía. Justo en ese momento, el muchacho que iba en el asiento 17 C (mi misma fila pero en pasillo) le dijo a la aeromoza que él no tenía inconveniente de cambiarse de asiento, y lo cedió, pero la aeromoza me pregunto si estaba bien que yo ocupara el asiento del pasillo,el 17 C (¡volvió el dilema!), y con todo el dolor de mi alma, y siendo totalmente descortés, le dije que tomaría el asiento de ventana. Los señores se cambiaron de asiento, apenas dijeron “I’m sorry”, y finalmente yo pude hacer algunas tomas de la cordillera de los Andes, como lo había pensado.

Alguien me podrá decir que pude haber hecho las tomas desde el asiento del pasillo, pidiendo permiso a los señores, pero, en ese caso, les habría causado otra incomodidad a ellos, y no habría podido tener la misma movilidad y libertad para realizar las fotos que hice. Fui descortés, lo acepto.

No soy un viajero frecuente, y no sé cuándo podré volver a tener la oportunidad de recorrer esa ruta, pero, sobre todo, no puedo negar ser lo que soy, entre otras cosas: un fotógrafo.

Les comparto dos fotos de las que hice ese día, gracias a mi descortesía.


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Sobrevivir apretando un botón.

Recién leí unas frases geniales de pintores opinando sobre la fotografía, entre las más crueles están:

Andy Warhol: “Los fotógrafos se sienten culpables porque todo lo que hacen para sobrevivir es apretar un botón” (Traducción libre).

Fotografía por René Figueroa.

Pablo Picasso: “Dos de las profesiones más frustrantes son la del dentista y la del fotógrafo-los dentistas porque quieren ser doctores y los fotógrafos porque quieren ser pintores” (Traducción libre).

Lo cierto es que el debate está abierto desde hace muchísimo tiempo. En mi declaración artística he dicho que: “¿Qué importa si la fotografía es considerada o no un Arte, si a través de ella se puede provocar una sensación en la persona que la ve? ( http://renefigueroa.com/ )

Ahora bien, es cierto que hay fotógrafos que parece que quisieran ser pintores y tienen un dominio inigualable del photoshop y deliberadamente convierten sus fotos en imágenes que parecen ser pinturas, es respetable, e independientemente de que sus fotos sean buenas o malas (lo cual es relativo, por supuesto) tienen esa habilidad extra de usar las herramientas tecnológicas para expresar su trabajo de esa manera, sin intentar engañar a alguien de que sus fotos son pinturas y simplemente le imprimen su “estilo” al producto terminado. Otros lo hacen desde la cámara y dando toques finales con programas de edición, pero los resultados parecen pinturas. Algunos ejemplos se pueden ver en este enlace:http://www.planetacurioso.com/2011/05/23/increibles-paisajes-de-namibia-que-parecen-pinturas-artisticas/

En contraposición, también existen los pintores que parece que quisieran ser fotógrafos, como el iraní Iman Maleki (http://imanmaleki.com/en/Galery/), quien hace un trabajo pictórico tan realista que sus pinturas parecen fotografías.

Hay otra técnica por ahí, en la que la pintora Alexa Meade pinta directamente sobre sus modelos y sobre la escena y luego hace la fotografía y el resultado parece ser una pintura hecha directamente sobre el lienzo, esto pueden verlo acá: http://es.noticias.yahoo.com/fotos/galer%C3%ADa-fotos-que-parecen-cuadros-1319728574-slideshow/1-photo-1319231551.html

El debate seguirá, para mientras, nos queda divertirnos haciendo lo que más nos guste, ya sea “hacer fotos” o “hacer pinturas”.
¡Buena luz!
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La peligrosa desesperación del entusiasta de la fotografía.

Ser un principiante y un entusiasta de la fotografía es algo bueno y muy respetable, todos los grandes fotógrafos alguna vez lo fueron, nadie nació siendo el Cartier Bresson que teorizó sobre el momento decisivo.

A todos nos ha pasado, en algún momento, que creemos que tener el mejor equipo fotográfico nos hará ser mejores fotógrafos, o que tener un gafete que diga “fotógrafo” nos hará mejores fotógrafos y muchos hemos aprendido que no es así. Yo lo he vivido, no me da pena decirlo, pero también he podido darme cuenta de que la cosa no va por ese rumbo, lamentablemente, cuando lo necesité, no hubo alguien que me dijera que no estaba haciendo lo correcto.

El peligro del entusiasmo es cuando se cae en la desesperación. Debemos estar conscientes de que los conocimientos siempre necesitarán la dedicación y la seriedad en su estudio para llegar a nuestros cerebros, la red puede estar llena de información, de hecho lo está, pero cada quien tiene un proceso de aprendizaje propio, con su propio ritmo, pero los conocimientos no nos llegarán por bluetooth. Sé que estamos en la era la inmediatez, queremos la computadora más rápida y así. Esa desesperación es muy peligrosa. Antes de desesperarnos hay que cuestionarnos si realmente somos buenos en lo que hacemos, si tenemos la vocación, si estamos haciendo las cosas al derecho o al revés, es decir, si estamos aprendiendo para luego saber si realmente necesitamos más equipo fotográfico  o si estamos “necesitando” equipo para luego darnos cuenta de que no lo necesitamos.

El principiante entusiasta debe cuestionarse sus conocimientos. Debe preguntarse, por ejemplo, si conoce lo suficiente de composición fotográfica, como mínimo, y no me refiero solo a saber la básica ley de los tercios, me refiero a si el entusiasta conoce las variadas formas de composición creativa. Por ejemplo, ¿han oído hablar de la dinámica del encuadre, de la tensión diagonal, del balance, del ritmo, del peso visual, la triangulación, la compresión del lente, entre otras muchas otras cosas técnicas?. Debe cuestionarse si conoce el comportamiento de la luz, el famoso cuadrado de la distancia, por ejemplo. ¿Sabe cómo hacer balance de iluminación cuando hay diferentes temperaturas de color en una misma escena?¿Quién es su “dios” de la fotografía?¿Cuanto tiempo le dedican a analizar las fotos de los clásicos de la fotografía?¿Ve el trabajo de los contemporáneos?¿Ve obras de arte de los grandes pintores clásicos?¿Y de los contemporáneos?¿Tiene al menos un libro de fotografía que haya terminado de leer y entender?¿Le dedica tiempo a entrenar el ojo viendo fotos?¿cuánto tiempo dedica?¿Diseña sus fotos, aún cuando está en una asignación en el campo o solo dispara el obturador?

Y podría preguntar mil cosas más, pero el punto es que si se desconocen cosas que acá he mencionado, quizá estar pensando en adquirir un mejor equipo fotográfico no sea necesario en este momento. Quizá sea hora de dejar a un lado la desesperación y plantearse si lo que se busca es obtener reconocimiento o crear. Si alguien es bueno en lo que hace, con toda seguridad, los reconocimientos llegarán, y si alguien realmente disfruta lo que hace, eso no le causará preocupación.

Tener el mejor equipo fotográfico del mundo no hará a nadie mejor fotógrafo de lo que realmente es, eso sólo le hará un poco más cómodo el trabajo y lo hará un poco más pobre.

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